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El futuro de la
dermatología se inclina claramente hacia la cosmética. Los avances en cirugía de esta especialidad, entre los que se encuentran el trasplante de cabello, el rejuvenecimiento facial, la depilación láser, la aplicación de colágeno o las terapias con frío utilizadas para eliminar manchas de la piel, lo demuestran.
La dermatología es una de las especialidades de la medicina que más ha evolucionado. Su campo de intervención abarca cirugía tumoral, criocirugía, radiocirugía, dermoabrasión, láser quirúrgico y liposucciones.
Antes, el protagonismo de las consultas lo tenían los tumores de piel: benignos, carcinomas o melanomas. Ahora, la mayoría de las visitas al
dermatólogo están relacionadas con problemas cosméticos o de estética más que de salud.
Cambios en los pacientes:
Esta evolución de la dermatología se ha producido por el cambio en las demandas de los pacientes, influidos por el actual "culto al cuerpo", junto con las nuevas técnicas aplicadas a la mejora del físico y la práctica actual de la
dermatología preventiva.
Más que ninguna, esta especialidad ha tenido que adecuarse a las nuevas peticiones de los pacientes, pues actualmente casi la mitad de las consultas están relacionadas con asuntos
cosméticos: manchas en la cara, acné, cicatrices, depilación, arrugas... Además, frente a cualquier intervención se le pide al
dermatólogo que no queden marcas antiestéticas.
Especialidad con éxito:
Pero la dermatología no sólo es demandada por los pacientes sino por los propios aspirantes a médicos. Hoy la
dermatología médico-quirúrgica se ha convertido en la especialidad más solicitada. Por los ingresos que supone, tiene un gran atractivo para los recién titulados. Como no hay opción a un puesto en un hospital público, se puede abrir una clínica privada que tiene varias ventajas: no es reembolsable por ningún seguro y permite una retribución mayor que la del
dermatólogo tradicional.
En cuanto a la influencia e incorporación de los nuevos aparatos, se está tecnificando de una forma impresionante. Curiosamente la sanidad pública no invierte prácticamente nada en este tipo avances; cualquier médico tiene mejor dotada su propia consulta que la del hospital donde trabaja.
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